¿Por qué mi hijo está más desafiante en clase? Lo que la pandemia dejó en su forma de relacionarse
- Carla Cadremy

- 21 ene
- 2 Min. de lectura
Después de la pandemia, muchas familias han notado algo que no siempre se dice en voz alta: los niños y adolescentes parecen más impulsivos, menos respetuosos, más reactivos en el aula. ¿Es solo una etapa? ¿Es parte del duelo colectivo? ¿Es señal de algo más profundo?

Un estudio reciente comparó el comportamiento en el aula antes y después de los cierres escolares por COVID-19. Lo que encontró nos ayuda a entender —sin juzgar— lo que está pasando.
¿Qué es la incivilidad en el aula?
No hablamos de acoso ni de violencia directa. Hablamos de comportamientos que rompen el respeto cotidiano: interrumpir, ignorar normas básicas, responder con sarcasmo, desobedecer sin agresión, pero con desdén.
Y sí, estos comportamientos aumentaron significativamente después de la pandemia, especialmente en adolescentes entre 9 y 14 años.

¿Qué explican los educadores?
En el estudio, más de 100 docentes de primaria compartieron una preocupación común: sus estudiantes habían perdido habilidades sociales básicas. Muchos no sabían cómo esperar su turno, cómo pedir ayuda, cómo resolver un conflicto sin gritar. Durante el aprendizaje en línea, no hubo espacio para enseñar civismo, empatía ni convivencia. Y eso se nota ahora, en cada recreo, en cada dinámica grupal, en cada mirada desafiante.

¿Qué pueden hacer las familias?
1. No asumir que “ya deberían saberlo”
Después de dos años de aislamiento, muchos niños necesitan reaprender lo que antes parecía obvio: cómo convivir, cómo respetar, cómo regularse.
“No es que no quiera portarse bien.
Es que no recuerda cómo hacerlo.”
2. Modelar civismo en casa
Los gestos cotidianos enseñan más que los discursos. Saludar, pedir permiso, agradecer, reparar cuando se hiere… todo eso se aprende mirando.
3. Nombrar lo que sienten, no solo lo que hacen
Detrás de cada conducta incívica hay una emoción no regulada. Ayudarles a ponerle nombre es el primer paso para transformarla.
4. Aliarse con la escuela, no confrontarla
Los docentes también están aprendiendo a reeducar en convivencia. La alianza familia-escuela es clave para que el cambio sea posible.
5. Buscar espacios de reparación emocional
Talleres, sesiones clínicas, actividades grupales… todo lo que ayude a reconstruir vínculos y habilidades sociales es parte del cuidado post-pandemia.
“Nuestros hijos necesitan adultos que les enseñen, otra vez, cómo convivir sin perderse.”

Hoy, más que nunca, nuestros hijos necesitan reaprender el respeto, la empatía y la escucha. No porque hayan olvidado quiénes son, sino porque el mundo cambió demasiado rápido y ellos aún están buscando cómo volver a habitarlo.
Como madres, padres y cuidadores, podemos ser el primer aula emocional. Esa donde se enseña con paciencia, se corrige con ternura y se acompaña sin juicio.
Porque educar después de una crisis no es solo enseñar contenidos. Es reparar lo humano.
Con amor,
Carla Cadremy


Comentarios